Hay materiales que no solo decoran espacios, sino que han viajado a través de siglos enteros.
El terciopelo es uno de ellos.
Aunque hoy lo asociamos a sofás modernos, interiorismo contemporáneo y hoteles de lujo, su historia empieza mucho antes de que existieran los muebles tal como los conocemos.
El origen del terciopelo se sitúa en Asia, con posibles desarrollos tempranos en China y posteriormente su expansión a través de la Ruta de la Seda hacia Oriente Medio y Europa.
Durante la Edad Media, el terciopelo se convirtió en un material extremadamente caro y difícil de producir, reservado prácticamente a reyes, nobles y la Iglesia.
No era solo una tela: era un símbolo de poder.
Fue en ciudades como Florencia, Venecia o Génova donde el terciopelo alcanzó su punto más alto, y se convirtió en parte del lenguaje visual del lujo europeo.
Con la Revolución Industrial, el terciopelo dejó de ser exclusivo y pasó a producirse en mayor escala.
Esto cambió su destino: ya no solo estaba en palacios, sino en hogares, teatros y más tarde en el diseño de interiores moderno.
Hoy, en 2026, el terciopelo vuelve con fuerza en tapicería contemporánea, especialmente en tonos neutros y texturas suaves que buscan lo que el diseño actual llama “lujo silencioso”.
En ciudades como Sevilla, este tipo de tejido tiene un comportamiento especial.
La luz intensa hace que el terciopelo cambie constantemente de tono durante el día, lo que lo convierte en un material vivo dentro del espacio.

